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La mayoría de las Pymes reporta los mismos problemas: equipos de venta que no pueden adaptarse a las bruscas variaciones de los mercados, desajustes importantes entre las áreas, re-procesos injustificados, falta de recursos financieros…

Pero, además, curiosamente, todas plantean problemas de comunicación, que se traducen en la descoordinación entre gerentes y jefes y, consecuentemente, entre ellos y los empleados, la falta de comprensión respecto de las políticas y procedimientos que establece la Dirección y su cumplimiento.

Este cuadro de situación genera desconcierto en el empresario y lo lleva a plantearse cómo salir de la coyuntura, y qué tipo de asistencia profesional necesita para no perder eficiencia operativa y proyección a futuro.

¿Quién lo puede ayudar ahora a ordenar la empresa? ¿Debe llamar a un consultor? Pero, ¿en qué especialidad? Si la empresa tiene dificultades en distintas áreas, ¿por dónde comenzar, ¿cuál es la prioritaria?

Analizando la pregunta misma, es obvio lo que se está buscando: respuestas urgentes, de alguien que “sepa”. El empresario en dificultades necesita “saberes” que puedan ser transferidos lo antes posible.

Pero, ¿acaso existe alguna persona que pueda encontrar “todas” las respuestas necesarias, las que se necesitan ahora y las que se necesitarán en el futuro, que no sea parte del equipo directivo de la organización?

¿Coaching o consultoría?

Aunque ambas profesiones puedan parecer semejantes, hay una diferencia conceptual muy importante: el Consultor brinda un consejo «experto» en un campo particular, mientras que el Coach trabaja para que cada uno descubra sus propias respuestas, en vez de seguir las instrucciones de un maestro.

El Consultor es efectivo cuando tiene las respuestas a las preguntas que le hace el empresario. En general, su trabajo consiste en analizar una situación determinada y elaborar un informe con propuestas. Y su efectividad se pone en evidencia cuando es posible implementar las recomendaciones que dio, llegando a un resultado exitoso.

En el caso del Coaching el trabajo es muy diferente, ya que no enseña, dirige ni aconseja. El Coach es un profesional entrenado para hacer preguntas de forma que el jugador reflexione, piense y hable en voz alta sobre el tema, y su efectividad se demuestra cuando el empresario descubre sus propias respuestas y genera el aprendizaje a partir de ese punto de partida. Lo que el Coach brinda es la habilidad de descubrir nuevas acciones posibles, de manera que se facilite el llevarlas a cabo. Y la medida de su éxito será que su interlocutor resuelva por sí mismo la situación, sin instrucciones externas ni recetas magistrales.

Llamamos a un Consultor cuando necesitamos un experto en un campo de acción específico de la organización, como la elaboración de un plan de marketing, el reposicionamiento de la marca, la certificación para normas ISO, problemas específicos en la productividad de planta, reducción de costos, control patrimonial y estado de resultados.

Necesitamos un Coach ante situaciones tales como la dificultad en observar las posibilidades a futuro; los conflictos de relación entre las personas; la falta de comunicación efectiva; la caída en el rendimiento de áreas, personas y/o equipos; la falta de efectividad en la coordinación de acciones entre las áreas; las dificultades en el trabajo en equipo; estados de ánimo que estén afectando los resultados; falta de compromiso o involucramiento, o problemas de liderazgo, compromiso y confianz.

Creemos que lo que cualquier empresa necesita, en cualquier coyuntura, más que respuestas iluminadas que abarquen todas las necesidades, es un liderazgo capaz de generar preguntas inteligentes, con una mirada sistémica y responsable que la ayude a aprovechar todos los recursos que tiene. Y esto se desarrolla a través del coaching.

¿Cómo elijo a mi Coach?

Lo primero que hay que saber es que existen diferentes tipos de coaching. El conductista, muy común en el entrenamiento deportivo, impulsa un aprendizaje que se observa mediante cambios puntuales en el accionar. Es decir, que la persona pueda hacer algo específico que antes no podía.

El ontológico, en cambio, es constructivista: ve a la persona como un ser que se va construyendo a sí mismo todo el tiempo, y trabaja para que produzca un cambio interno. Una vez que se produce ese cambio en el sujeto, y por sí mismo, la perspectiva de la persona se transforma. Se convierte, entonces, en un observador diferente, que se comportará de otra manera y que, por ello, podrá lograr resultados que quizá nunca había alcanzado con anterioridad.

En segundo lugar, aunque el trabajo del Coach es similar en empresas productivas o de servicios, y en organizaciones de todo tamaño, hay que señalar que las Pymes tienen algunas problemáticas puntuales, sobre todo las que conforman una empresa familiar. Por eso, si la consulta proviene de este tipo de empresas, es bueno que el Coach cuente con experiencia en ese campo.

Finalmente, es importante que el Coach posea una formación rigurosa, y que haya sido certificado por la Asociación Argentina de Profesionales del Coaching (la más grande de Latinoamérica), y la ICF –International Coach Federation–, pues de esta manera se garantizará la idoneidad y profesionalismo de su gestión.

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