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«¿Necesitas más conocimiento? ¿Crees que más información, u ordenadores más rápidos, o más análisis científicos e intelectuales van a salvar al mundo? ¿No es sabiduría lo que más necesita la humanidad en estos momentos?»

(«Una nueva tierra», 2005, Eckhart Tolle)

 

Siendo pequeño, tendría unos 7 u 8 años, me desperté a medianoche con sed y fui a la cocina a buscar agua. La luz encendida en el comedor me indicó que alguien todavía estaba despierto. Me asomé con aquella levedad de niño y vi a papá leyendo un libro grueso y desgastado que enseguida reconocería como nuestro diccionario, fuente de consulta familiar. «Hola pa, ¿qué estás buscando?». Levantó la vista y en su rostro se dibujó esa media sonrisa cómplice. “Sabiduría”, dijo en voz muy bajita. No comprendí en ese momento por qué buscaba la palabra sabiduría en la “J” del diccionario…

Unos años después, una de esas tardes en que íbamos al parque, mientras caminábamos y aprovechábamos para conversar de «cosas nuestras», como decíamos, papá se detuvo, observó los lapachos florecidos y me miró fijamente. Sentí que quería transmitirme algo importante. Entonces dijo: “Aunque veas un millón de pesos atados a la rama de un árbol, no lo toques, no es tuyo”. Hablaba desde su experiencia de vida.

Hoy me doy cuenta de que aquella noche en el comedor de casa, la ‘sabiduría’ que mi padre buscaba era el conocimiento teórico, la “sofía” en el sentido griego.

En cuanto a la conversación en el parque, distingo una invitación de mi padre a cultivar el valor de la honestidad plasmándolo en una determinada conducta o comportamiento. Sin embargo, en la conformación de mi propia identidad, hubo un proceso de aprendizaje que me llevó a saber cómo aplicar ‘honestidad’ en equilibrio con otras consideraciones -incluso con otros valores personales- y en contextos específicos; es decir, tuvo lugar un recorrido que  requirió de la vivencia directa: esa es la sabiduría práctica, la que llega con la experiencia, la que se vive, la que propone evaluar situaciones particulares a la luz de los conocimientos (los saberes adquiridos con anterioridad, los principios de acción aprendidos antes) con miras a tomar la mejor decisión.

El concepto que titula esta nota, phrónesis, es una transiliteración del griego Φρόνησις, frecuentemente traducido como sabiduría práctica, o prudencia (=sensatez, buen juicio) y se refiere a la habilidad de cómo pensar y por qué debemos actuar para cambiar las cosas, en especial, para cambiar nuestras vidas para mejor. Ya Aristóteles utilizó el término phrónesis enfatizando la importancia práctica de desarrollar la excelencia del carácter (areté) como forma de lograr lo que finalmente es más importante, una «conducta» excelente (praxis). Por su parte, Martin Heidegger observa siglos después que la frónesis, –la filosofía práctica como tal–, es la forma original de conocimiento y por lo tanto previa a la sofía (la filosofía teórica), fuertemente ligada a la experiencia. ​Heidegger, retomando a Aristóteles, menciona tres movimientos de vida fundamentales que incluyen la poiesis (que significa ‘creación’, el hacer mismo), la praxis, y la teoría, a los que corresponden tres disposiciones o habilidades: techné, frónesis y sofía. Heidegger ve a la frónesis como un modo de comportamiento en y hacia el mundo, una forma de orientarse a uno mismo y, así, de afectar-ver-conocer y de dar lugar a una forma particular de preocuparse del mundo.

Mientras que la poiesis (techné) es una manera de preocuparse de objetos y principios de producción, y la teoría (sofía) una manera de preocuparse de los principios eternos, la frónesis es una manera de preocuparse de la vida de uno, de la vida de los otros y también de todas las circunstancias particulares dentro del ámbito de la praxis.

Así que la escena del parque con mi padre resulta ser una genuina expresión de uno de los movimientos de vida fundamentales, la praxis, que orientaba su estar siendo en el mundo, su propia vida y la de los otros (en este caso, la mía): la disposición o el hábito en un contexto determinado, la frónesis.

 

Movimientos de vida FundamentalesPOIESISPRAXISTEORÍA
Habilidades o dispocisiones correspondientesTECHNÉFRÓNESISSOFÍA
Orientado aOBJETOS Y PRINCIPIOS DE PRODUCCIÓNMUNDO VIDA DE UNO Y DE LOS OTROSPRINCIPIOS ETERNOS

Sintetizando, la frónesis es una disposición o hábito que revela el ser de la acción que deviene de la experiencia, y como tal manifiesta las posibilidades concretas de estar en una situación; constituye el punto de partida de una acción significativa, procesada con resolución, mientras transita las contingencias de la vida.

En la ELAC contamos con una oferta de especialización profesional: el Postítulo “Aportes de las Ciencias Humanas al Coaching Ontológico”, en el que proponemos un ejercicio de acercamiento tanto a la sabiduría teórica como a la sabiduría práctica (en el sentido planteado en las líneas anteriores). La propuesta consiste en tomar contacto con diferentes áreas del conocimiento que han dejado una fuerte impronta en el Coaching Ontológico. Para esto, convocamos a reconocidos expertos en dichas especialidades, a saber, Filosofía, Biología del Conocer, Neurociencias, Psicología Humanista, Filosofía del Lenguaje, Ética, Psicopatología. En la segunda parte de cada encuentro, y partiendo de este conocimiento, buscamos adentrarnos en los aportes a la praxis del coaching, a través de experimentación práctica de dichos aportes.

Lo que observamos de colegas que han participado de ediciones anteriores del Postítulo fue que, en muchos casos, se inscribieron por tener o sentir:

  1. Interés por disfrutar y saborear el conocimiento, o sea, obtener sabiduría. La sabiduría es una virtud que puede adquirirse a través de la experiencia. Cualquier persona que esté interesada en intentar algo nuevo y reflexionar sobre el proceso, tiene la capacidad de adquirir sabiduría.
  2. Voluntad y vocación por la experimentación. Al aprender todo lo posible, al analizar tus experiencias y aplicar tus conocimientos, podés convertirte en una persona más ‘sabia’.
  3. Ganas de construir-se como coach junto a otros colegas. Compartir, crear y divertirse aprendiendo juntos, generando redes para sumar.
  4. Humildad y disposición al aprendizaje. Declarar «no sé» es el primer paso, que viene de la mano de la curiosidad, ese gran motor de la exploración y la experimentación; ambos comportamientos conducen necesariamente al aprendizaje.

Nuestro Postítulo viene a desafiar nuestros espacios de ceguera, nuestras sombras, nuestras debilidades, nuestras limitaciones, y convertirlas en valioso potencial.

Si te sentís convocada/o por esta propuesta, o si querés compartir conmigo lo que esta nota te generó, enviame un mail y conversemos.

¡Por un mundo con personas que adquieran y practiquen cada vez más la frónesis!

(*)

MCOP Marcelo Molina

Master en PNL y Facilitador Profesional

Director de Operaciones de ELAC

Director del postítulo ACHCO

mmolina@elacoaching.com.ar

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